En 1947 el Automóvil Club Argentino, con Francisco Pancho Borgonovo como director de carreras, organizo las primeras temporadas internacionales en Argentina, invitando a los ases europeos Luigi Villoresi y Achille Varzi.

Ambos pilotos regresaron para la temporada 1948, a la que se sumó Jean-Pierre Wimille con el equipo oficial Simca-Gordini, como figura más importante.  

Fueron sin duda una muy buena influencia para muchos pilotos argentinos que gracias a esas carreras pudieron sentarse por primera vez en un auto de Grand Prix.

Al termino de las temporadas regresaban a Europa con la promesa de volver. Villoresi los hizo durante muchos años, participando de las temporadas argentinas hasta su retiro de las pistas, y hasta en 1985 para la inauguración del Museo Fangio, pero la suerte de Varzi fue distinta, encontrando la muerte en julio de 1948, en las prácticas del Grand Prix de Suiza al volante de un Alfa Romeo tipo 158.

Varzi y Villoresi, y su jefe de mecánicos, Amadeo Bignami, hicieron muchos amigos en Argentina y fueron muy generosos con los pilotos locales, con quienes compartieron sus experiencias y conocimientos.  Tal es así el equipo enviado por el Automóvil Club Argentino a correr en Europa en 1950 se llamó Achille Varzi.

Ricardo Lorenzo Borocotó escribió estas emotivas líneas en su libro “Medio Siglo de Automovilismo Argentino”, que describen a la perfección al genio de Achille Varzi.

Achille Varzi era rojo como el fuego de su infaltable cigarrillo siempre encendido. Cuando llegó a nosotros ya carecía de aquellos arrestos juveniles tan suyos. Se nos mostraba huraño, hosco, retraído… pero cuando en una comida en la casa de Victorio Barra abrió su álbum de recuerdos y mostró su cordialidad y su memoria prodigiosa, entonces lo conocimos, entonces supimos que el retraimiento obedecía a una timidez suya, de la que también nos hablara el colega Giovanni Canestrini.

Promedios, fechas, carreras, luchas; todo surgía de su relato magnífico, preciso cautivante, y de tanto en tanto aprovechaba una circunstancia para un consejo: «Usted tiene que bajar y su máquina, también – le dijo a Pablo Luís Pessatti, refiriéndose a ‘sus líneas’. Pablo estaba gordo, tenía que bajar; el Alfa Romeo 3.800 era un modelo muy antiguo y correspondía bajarle el tanque, dotarlo de una línea que aportara a la máquina mayor estabilidad, y Pablo le obedeció.

Ya el cigarrillo de su vida llevaba mucho tiempo encendido, y Achille no era el de los arrestos juveniles. Era ya un cigarrillo que se iba apagando, aunque, alguna que otra pitada de tanto en tanto avivara el rojo.

Marchó a su tierra con la promesa de volver. Luego supimos que anhelaba radicarse en Argentina y formar una escuela de volantes. No volvió. Su cigarrillo se apagó definitivamente en Berna, en una última pitada. 

Pero el equipo argentino que marchó a los circuitos europeos, capitaneados por Fangio, llevó su nombre: «Achille Varzi». Fue nuestro homenaje a un maestro, al tímido y huraño, al que conseguimos descubrir en su interior y apreciarlo gracias a una comida inolvidable en la que abrió su álbum de recuerdos y nos regaló horas de su estupenda memoria…»

Hace unos días, volví a ver la película “Fangio el Demonio de las Pistas” dirigida por el director uruguayo Román Viñoly Barreto y protagonizada por él mismo Fangio y Armando Bo.


1 comentario

Beppe Viola · julio 26, 2020 a las 9:07 pm

El mismisimo Ingeniere Varzi…!!!

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