Desde “The crowd roars” (“La multitud ruge”) de 1932, “Devils on Wheels” (Diablos sobre ruedas” de 1947, “The Big Wheel” (“La gran rueda”) de 1949 con Mickey Rooney y Thomas Mitchell, “To Please a Lady” (“Complacer una dama”), aquí traducida como “Miedo de amar” de 1950 con Clark Gable y Barbara Stanwick, “Hot-Rod Girl” hasta “Red Line 7000” –conocida como “Rojo 7000 Peligro”- de 1966, con autos modificados y rock n’roll, no fue sino hasta “Grand Prix” que el automovilismo alcanzó un suceso verdaderamente resonante en la gran pantalla. Los antecedentes mencionados, además, trataban las carreras en Estados Unidos, como midgets, Indianápolis y Stock Cars mientras que “Grand Prix” mostraba el automovilismo europeo del Campeonato Mundial de Conductores.
Del estreno de “Grand Prix” ya se han cumplido 50 años y medio. Fue el 21 de diciembre de 1966, días en que en la porteña calle Lavalle había un cine al lado del otro. El éxito de “Grand Prix” fue descomunal. Llegó en el momento justo y casi inmediatamente se convirtió en lo que desde hace un tiempo se dio en llamar “una película de culto”.
El muy joven director John Frankenheimer (de entonces 36 años) dirigió el largometraje, un sustantivo muy bien empleado ya que la película tenía tres horas de duración, con guión de Robert Alan Aurthur, producida por la Metro Goldwyn-Mayer y filmada en Super Panavision 70, para ser proyectada en sistema Cinerama. La fotografía fue de Lionel Lindon y la muy característica música, otro punto muy logrado, fue compuesta por Maurice Jarré. La película, además de ser la primera que llevó la Fórmula 1 a la gran pantalla resultó un suceso enorme. Requirió un presupuesto de nueve millones de dólares y generó ganancias por veinte.
Los principales actores del reparto fueron James Gardner, quien personificó a Pete Aron, Eva Marie Saint (Louise Frederickson), Yves Montand (Jean-Pierre Sarti), Toshiro Mifune (Izo Yamura), Brian Bedford (Scott Stoddard), Jessica Walter (Pat), Antonio Sabáto (Nino Barlini) y Françoise Hardy (Lisa).
El realizador ya había dirigido “El Prisionero de Alcatraz” y “El tren” contó con una valiosísima maquinaria de la que más de una escudería hubiera querido disponer: Dos Lotus 33-Climax V8, un McLaren de 4.2 litros de Fórmula Libre, dos BRM V8 de dos litros y otros autos como un Ford GT40, un Ford Cobra de 7000 cm3 y varios monoplazas de Fórmula 3 disfrazados de Fórmula 1 por Jim Russell, el fundador de la pionera escuela de manejo de competición.
La calidad de “Grand Prix” tuvo un altísimo acierto en la rigurosidad del director que no recurrió a los clichés que suelen encontrarse en las películas del género, sino que puso el máximo esfuerzo en el realismo de la película. Para lograrlo, seleccionó actores que parecían corredores profesionales. Mientras, les dio protagonismo a pilotos reales. En un momento aparecen cuatro campeones mundiales en actividad: Graham Hill, Jack Brabham, John Surtees y Phil Hill –en su última temporada de Fórmula 1- y hasta el mismísimo Juan Manuel Fangio tuvo un breve papel central durante una gala en un hotel de Mónaco.
La empresa Goodyear firmó un contrato con MGM para equipar a todos los autos que aparecieron en la película. Además de sus neumáticos llevó un verdadero batallón de técnicos a cada secuencia del film, y para el rodaje de ciertas escenas de accidentes como en el caso de Montecarlo, que comenzaban con derrapes y trompos, la gente de Goodyear rebajó la banda de rodamiento para facilitar esas maniobras peligrosas.
Uno de los grandes aciertos de “Grand Prix” fueron lo convincente de las escenas que emocionaron no sólo a los fans de la Fórmula 1 sino al público no iniciado, y esto ocurrió porque para rodarlas fueron empleados los mejores elementos posibles. Un aspecto para resaltar es que se trató de la primera película a color que dirigió. Pero, por sobre todo, Frankenheimer fue inflexible en que las escenas de competición fueran tomadas a velocidades reales, y no a baja velocidad y luego aceleradas en la edición. Otro punto alto del director fue que se esmeró en que la decoración de los autos fuera la de los verdaderos monoplazas del Campeonato Mundial. La búsqueda de autenticidad se reflejó en detalles como el casco utilizado por Garner, con los colores y la decoración que identificaba a Chris Amon.
El director Frankenheimer, por su parte, siguió cursos de conducción deportiva con Carroll Shelby. En cuanto a Yves Montand y Garner, dos de los actores principales, realizaron un entrenamiento intensivo en la escuela de Jim Russell en el circuito inglés de Snetterton. Su aprendizaje fue tan sorprendente, que en algunos casos fue innecesario el empleo de dobles en las escenas más peligrosas. Garner manejó en serio, mientras que Montand, por ejemplo, dejó la conducción porque sintió miedo cuando hizo un trompo en plena filmación. El sueco Joackim Bonnier, piloto de Fórmula 1 en plena actividad en ese momento, fue consejero técnico, mientras que el reconocido periodista y fotógrafo francés Bernard Cahier colaboró a través de sus contactos con los equipos de Fórmula 1, e inclusive aparece en su rol de reportero.
El género de la película era una combinación de deporte con drama, y el argumento, muy sintéticamente, giraba en torno a cuatro pilotos que animan el Campeonato Mundial. El norteamericano Peter Aron había sido echado del equipo Jordan-BRM por su responsabilidad en un accidente en el que resultó herido el británico Scott Stoddard. Aron era el veterano que quiere retornar, y es contratado por el equipo japonés Yamura (que vendría a ser Honda), mientras que Toshiro Mifune encarna a Izo Yamura (que por supuesto, representaba a Soichiro Honda). El francés Jean-Pierre Sarti es el campeón que busca retirarse ostentando el título y el italiano Nino Barlini es el debutante que desea comenzar a abrirse camino.
La película comienza como un agujero negro con el rugido de los motores, y se escucha el sonido de los escapes, el trabajo de los equipos y la cámara recorre la grilla de partida y diferentes planos. Las carreras expusieron con emoción y tensión realistas los Grandes Premios de Mónaco, Holanda, Bélgica –donde hubo un accidente importante- y el inevitable desenlace llega en Monza, Italia. Para la película fue utilizado el más cinematográfico circuito que combinaba el trazado mixto con el óvalo, aunque ya no utilizado por la Fórmula 1 desde el accidente fatal de Wolfgang von Trips en la frenada de la Parabólica, en 1961. Nuestro amigo el reconocido periodista Juan Carlos Pérez Loizeau nos brindó el certero análisis de cuando Jean-Pierre Sarti –el piloto francés que encarnó Yves Montand–, fue golpeado por el escape del auto que lo precedía, saltó del peralte y pegó contra los árboles. Según Juan Carlos, “El accidente tiene un fundamento formidable. El director John Frankenheimer lo dejó muy bien filmado, y al mostrar lo desparejo de las lajas de la pista justificó el accidente”.
Es en la trama fuera de la acción en las pistas, en donde la película resulta algo menos lograda. Sin embargo, los pilotos tienen hermosas mujeres y es una de ellas a quien queremos destacar a la hora de esta evocación. Hablamos de Françoise Hardy, una de las más bellas actrices francesas de todas las épocas. Nacida en París el 17 de enero de 1944, es además una notable cantante y autora de sus propios temas. Su primera canción “Touts les garçons et les fills” fue un éxito inmediato y se ganó la admiración de músicos como Bob Dylan y Mick Jagger, además de haber trabajado con el recientemente desaparecido Leonard Cohen. Con la ayuda del fotógrafo Jean-Marie Perier comenzó a modelar y se convirtió también en un ícono de la moda. La reconocida “chica yé-yé” es autora de una reconocida discografía cuya última producción es “L’amour fou”, en 2012.
Su álbum más conocido “The Yeh Yeh Girl from París”, de 1962, mostró a la hermosa chica que susurraba las canciones a medio camino entre el pop y el folk, para el que compuso 10 de las 12 temas.
Volviendo a la película que nos ocupa, “Grand Prix” recibió tres Oscar a Mejor Montaje, Sonido y Efectos de sonido, dos nominaciones a los premios Globo de Oro y el Sindicato de Directores nominó a Frankenheimer como mejor director. Junto con “Le Mans” de 1971, en la que Steve McQueen corre las famosas 24 Horas con un Porsche 917 y la más reciente “Rush” (2013) que trata sobre la temporada 1976 de la célebre rivalidad entre James Hunt (McLaren M23-Cosworth) y Niki Lauda (Ferrari 312T2), siempre está entre las más logradas películas de automovilismo. Aunque para muchos “Grand Prix” es, incuestionablemente, la mejor.
Nota: Gustavo Arsuaga.
8 comentarios
Beppe Viola · septiembre 7, 2020 a las 8:11 am
Para mi gusto, en Grand Prix se notan demasiado los trucos hechos para mezclar autos verdaderos de F1 y de otras categorias, con desajustes temporales que suenan falsos, lagunas y efectos especiales un poco fanè… de la trama, mejor no hablar…
Es muy superior en todo sentido Le Mans.
De todas maneras, fue un film que dejò una huella en los apasionados, sin duda
Willy Iacona · septiembre 7, 2020 a las 11:13 am
Entiendo lo que comentas, yo antes era más crítico, pero hoy miro y valoro esas películas de otra manera. Me refiero a Grand Prix, Secuestro en Cuba, Rush, etc. entre otras. Hace poco vimos con mis hijos la de Fangio en Cuba con Darío Grandinetti y me gusto, logra recrear la época. Recuerdo que cuando salió allá por los años 90´s no me gusto y fui muy critico con el papel del protagonista, los autos y los pilotos. No son documentales. Abrazo y gracias por los comentarios que siempre aportan.
Anibal Martinez Artola · septiembre 5, 2020 a las 1:40 am
Tras la inquietante oscuridad del interior de esos escapes, el cautivante y salvaje sonido de ese motor, Frankenheimer nos anticipa: -A los indiferentes de los fierros, vayan saliendo de la sala, mañana vuelvan que, damos Sisi emperatriz.
El tacómetro Smith, con sus golpes de áncora, no se olvidan facilmente.
Esa noche decubrimos el BRM H16, atronador, en una toma on board, a veinte centímetros de las crucetas, las ocho trompetas por lado.
Aunque el argumento es debilísimo, es el mejor documental sobre el tiempo dorado del automovilismo, las escenas en los talleres de Honda, Ferrari, memorables.
Anibal Martinez
Willy Iacona · septiembre 5, 2020 a las 12:12 pm
que genial tu comentario Aníbal, realmente el argumento es débil. Pero, casi se puede decir que ¿a quién le importa? como bien comentas, las escenas de los boxes, los sonidos e imágenes on board nos logran entender y disfrutar de aquella lindísima y también peligrosa época de la F1.
Anibal Martinez Artola · septiembre 5, 2020 a las 2:24 pm
Sería un pecado olvidar a Adolfo Celi, en su papel de Enzo Ferrari, en Grand Prix.
Su escena en Amici Miei, del cementerio, irrepetible.
Vean y despues me dicen: https://youtu.be/KvbnNTG_emQ
Saludos.
Willy Iacona · septiembre 7, 2020 a las 11:02 am
Y no olvidar a Marcos Zucker haciendo de jefe de la Escudería Minelli en “Siempre te Amare” de Sandro, personaje inspirado claramente en el Enzo Ferrari de Gran Prix.
Mike · mayo 15, 2020 a las 2:27 pm
Aún hoy con todos los adelantos tecnológicos se llega (para quienes estamos viendo carreras siempre) al grado de veracidad que tenían aquellas escenas. Fue y será uno de los íconos junto a Le Mans con Steve McQueen (otro que sabía manejar en serio) como bien lo dice Gustavo.
Miguel Martin · mayo 6, 2020 a las 11:57 pm
Sin dudas la mejor película de automovilismo, irrepetible por los personajes reales, autos y locaciones utilizadas. Con una mirada de las presion que manejan los pilotos, el peligro y el glamour del circo de la F1.